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jueves, 19 de diciembre de 2013

Eduardo Zuleta: “Una vida cocinada bajo el calor de una Venezuela virulenta”


Sentado frente al escritorio de su cubículo, sostenía el borrador de un pequeño artículo que acababa de escribir: “Veamos, ¿en qué le puedo ayudar?”, preguntó el entrevistado de 63 años de edad. Eduardo José Zuleta Rosario, profesor universitario, militante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y actual director de la Fundación para el desarrollo de la Ciencia y la Tecnología del estado Trujillo (Fundacite)


A su derecha reposaba un diccionario, rodeado de un centenar de libros que rebosaban el escritorio y un pequeño estante al fondo. La luz del atardecer se reflejaba en la imagen del Quijote que se notaba vigilante junto a los retratos de intelectuales famosos. Eduardo Zuleta define su oficina como su placenta.

Este es un pequeño espacio sagrado, un templo, aquí se va creando una especie de atmosfera, un pedazo del Alma Mater, y yo quiero que siga siendo así hasta que a mí se me acaben las horas. Me vengo para acá y estoy solo, creo que aquí es el lugar para encontrarme conmigo mismo, para pensar y darle un ajuste a las cosas de la vida”.

Por un momento se detiene y señala la figura de dos peces hechos en cerámica, cuenta que una amiga se lo obsequió después de un viaje. “Mi signo es piscis, nací un 12 de marzo, por muchos años día de la bandera nacional. Recuerdo que mis hermanos me bromearon diciendo que me habían quitado la fecha, luego de que la celebración fue modificada por orden del gobierno”.

A los 14 años, tuvo su primera experiencia política, al encontrarse con una lectura de carácter comunista, en esa época la revolución cubana retumbaba en América y los movimientos de izquierda adquirían una fuerza importante en el país, “una vida cocinada bajo el vapor y calor de una Venezuela virulenta”.

Su padre un fotógrafo muy talentoso, siempre fue compresivo con las decisiones de sus hijos, en cambio su madre era un poco más exigente. “Un domingo en un acto de rebeldía, decidí no ir a misa con la familia, desde entonces estoy alejado de la Iglesia. A mi mamá le costó aceptar tal hecho”.

Antes de conocerse el candidato oficial a la gobernación del estado Trujillo por parte del oficialismo, se estudió la posibilidad de que Eduardo Zuleta ocupara esta posición; esto él lo definió como una casualidad, “eso llegó a mí, no nació de mi iniciativa o deseo, surge a consecuencia de una circunstancia político-electoral muy compleja, y por lo tanto existió un grupo de personas que consideró que yo pudiera representarles como candidato. Por eso digo la vida está hecha de actos conscientes, pero también de accidentes”. Cuenta que no podía haber más de un candidato representando el proyecto socialista, “por eso se debió abrir un espacio de diálogo para llegar a una decisión que no aumentara la posibilidad de triunfo del contrario”.

El candidato único a la gobernación de Trujillo por el PSUV es Henry Rangel Silva y cuenta con el respaldo de Zuleta. “En unos días debemos estar reuniéndonos, él quiere que forme parte importante de su gobierno. Estoy entre los cinco miembros de la comisión central del proceso constituyente del desarrollo Simón Bolívar, para el 2013- 2019 en el estado Trujillo”.

Su preocupación por el ser humano

Eduardo Zuleta quería estudiar psicología, por la preocupación existencial del ser humano, también cuenta que posiblemente eso fue producto de la dureza con que fue tratado en la edad escolar, “Yo era zurdo, hubo una maestra en 3er grado que me maltrató, me convirtió en un ser infeliz, ella tenía la creencia de que los zurdos estaban poseídos por el demonio, me mandaba a la pizarra y me hacia escribir con la mano derecha, al mismo tiempo que ponía a mis compañeros a burlarse de la calidad de mi escritura. Para evitar eso, me esforcé; sin embargo, a mis 8 años durante mi primera comunión, un día de San José, la misma maestra me golpeó la cara porque me vio santiguarme con la mano zurda, el único niño que no disfrutó el banquete post comulgar fui yo. Recuerdo más tarde unos profesores muy amenazadores, en una escuela netamente dura, luego en el liceo tuve un importante contacto con la materia de psicología, eso también me ayudó”.

En el año 1968, era estudiante en la Universidad Central de Venezuela (UCV), momento en el cual se produce la militarización y cierre de esta casa de estudios, su hermano Jesús Enrique si logró graduarse como psicólogo.

En 1970 retoma sus estudios, en la Universidad de los Andes (ULA), al no encontrar su carrera favorita, decidió cursar la Licenciatura en Educación. Para 1980 ya se había casado y tenía una hija, se había ido a estudiar a la Universidad Nacional Autónoma de México, donde realizó un máster en Pedagogía. Pasado el tiempo se reencontró con la UCV e hizo un doctorado en Ciencias de la Educación.

Un momento determinante en su vida

Cuando tenía 22 años muere su madre, fue un evento que le marcó la vida, estaba estudiando y empezó a buscar voces que le orientaran, fue cuando oyó mucho a sus maestros, ellos le dieron recomendaciones determinantes en su formación.

Hubo un profesor que marcó significativamente mi carrera profesional, un boliviano llamado César Chávez Taborga. A él le llamaba la atención mi preocupación por el problema filosófico del hombre, yo era preparador de 2 materias y mantenía un buen record académico. El año de mi graduación, el viejo Chávez volvería a Bolivia, y fue entonces cuando él mismo hablo con el decano de la facultad en la ULA, para que yo asumiera el liderazgo de la materia que él dictaba. Mi sorpresa fue que faltando 15 días para mi grado, me llaman para decirme que me quedaría allí, y han pasado 38 años desde aquel momento. Ese era mi sueño, mi gran meta”.

Corría el año 1974 y Eduardo Zuleta recibe el llamado para trasladarse a Trujillo. “La situación se dio y yo me vine con un boleto al cielo, yo venía ahogado de alegría, era mi pueblo, mi ciudad; aquí estaban mi hermano Jesús Enrique con Antonio Luis Cárdenas y en efecto ellos me llaman para ocupar un espacio acá en el Nurr que recientemente se fundaba”.

El cantante detrás del intelectual

Su primer sueldo fue a los 16 años. “En una situación que no estaba planteada terminé cantando boleros”, desde entonces Zuleta ha tenido un especial gusto por la música. Llegó a grabar en acetato, caset y recientemente en cd. En su oficina se puede observar un pequeño radio, en el que escucha melodías instrumentales. “Yo vengo aquí, pongo música y creo mi ambiente ideal”. Cuenta, al mismo tiempo en que mueve sus manos expresivamente y se detiene a pensar. “Recuerdo que mi padre también cantaba, y lo hacía de una manera impecable, mi gusto por la música fue tal, que incluso pensé en dedicarme a ello, y eso a mi mamá no le gustó para nada. Éramos seis hermanos, y ella quería que todos tuviésemos nuestra carrera universitaria, y en efecto sucedió. Al final lo que más me dolió fue que ella no vio concretados mis logros”.

Primero vive luego existe

Cuenta que Trujillo lo ha atrapado, cuando estuvo en el extranjero, se le presentó la oportunidad de quedarse trabajando. En varias oportunidades recibió llamadas, pero nunca aceptó. “Venezuela es mi país, además vivo en Trujillo, donde no solo existo, ya que el vivir trae el existir, pero si primero existes no vives. Aún entendiendo porqué mucha gente se va de acá, no admito que lo hagan, creen que el disfrutar se trata de un hedonismo sin fin, alcohol, drogas, o fiesta sin límites normales, es que acaso ¿la filosofía aburre?, ¿la música aburre?, ¿la historia y el arte aburren?”.

Recientemente escribió un libro que recoge testimonios sobre su tierra natal, también es autor de 6 ejemplares más, entre los que destaca “libros sobre las tesis socialistas”, y otro sobre la educación aplicada en el socialismo. Actualmente está escribiendo una obra más sobre “La Antropogología ¿Ciencia de la Educación?”. “Yo quiero que la gente entienda que la educación es una ciencia. Creo que al ritmo que llevo puedo tardar un año en terminarlo”.

La noche comenzaba a caer y la lluvia había llegado sin avisar. Solo la luz de un pequeño foco alumbraba el cubículo. Sus lentes cubrían unos ojos que por momentos se tornaban grises, al igual que el cabello y su pequeña barba. Con sus blancas manos puestas sobre el escritorio, seguía conversando. “Uno se pone viejo cuando se empieza a poner melancólico”. Observaba la fotografía de sus tres nietos, sin disimular una leve sonrisa, tengo 2 hijas y hace poco nació mi cuarto nieto, mi esposa y yo somos muy felices, nos casamos hace 35 años”.

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