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domingo, 16 de febrero de 2014

La crónica de una visa negada

Sentado  observaba entretenido la sobra de una bandera ondear, mientras el brillo del mármol en la sala reflejaba la imagen de algunas personas que salían del edificio. Eran días de lluvia aunque esa tarde el sol se mostró imponente sobre el este de la ciudad, no tenía idea de cuánto tiempo había pasado allí adentro. Por momentos pensaba en irme y dejar todo así, pero ya no había vuelta atrás debía continuar para saber que pasaría.

Un trayecto que habitualmente dura entre 9 y 10 horas, desde mi pueblo hasta la capital de Venezuela, esta vez se extendió a 14. Pensé que perdería la cita por el volcamiento de una pesada gandóla en medio de la humedad de la autopista que causó un largo embotellamiento vehicular.

Mi cita estaba pautada para las 7:30am y tenía planeado llegar más temprano e irme directo a la embajada, pero ya eran casi las 10am y tuve que tomar un transporte que me llevara velozmente.
Y allí estaba yo, recorriendo la ciudad en moto, era una experiencia jamás vivida pero el momento lo ameritaba y entre el cansancio y lo confuso de mi pensar debía sortear los miedos e idear una ruta rápida que me llevase en pocos minutos.

Embajada Americana en Caracas
Una joven de unos 20 años daba las instrucciones de entrada, y dejaba bien claro que apenas y podías entrar vestido. Primero te chequean, es una forma de saber si existes, aunque después de unas 3 colas mas siguen con la misma duda, toman tus huellas, te pasan por sensores, te preguntan lo más básico, pero igual hay que estar preparado para lo difícil, como si fuera una especie de examen. Seguimos en orden cada trayecto dentro del lugar, y todos guardan silencio, hasta la experiencia final.

Aunque la gran mayoría aprovecha la espera para alardear de sus viajes y vida en USA, solo pasan a renovar sus documentos, están mas seguros pero esto no les garantizan una aprobación, . Por mi parte tenía mucho miedo, ya había recibido una negativa ¿porque?, eso nunca te lo dicen, solo te dan una planilla que al final no explica nada, y te vas en solitario y sin ánimos, odiando a esos gringos que no te supieron ayudar.

Era la segunda vez en cinco días que visitaba aquella sala con paredes de mármol rojo, esta vez me sentía más asustado que en mi primera espera, cuando luego de casi 3 horas recibí la misma respuesta aunque un poco más despectiva, es que esos funcionarios suelen ser muy groseros, quizás se sentirán protegidos por ese vidrio que asemeja a un cajero en un banco, solo que esta vez te aprueban tu visa o te hacen escribir La Crónica de una Visa Negada.

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