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sábado, 10 de marzo de 2012

La sala de la casa

Las madres exhiben con orgullo los diplomas de sus hijos, nunca falta la pintura  con la típica casa vieja o la calle preferida del pueblo, existen unas con paredes rayadas y pequeños juguetes sorteados alrededor de los muebles, hay butacas viejas, otras que aun conservan el plástico de la compra, existe una mesa que espera ser usada al poner el vaso de la visita a un lado del jarrón que adorna el lugar, si el vaso permanece unas horas allí, una cucaracha se posará en su interior, haciendo gracia hasta morir ahogada por las sobras del café, solo algunas tienen espejo, radio o hasta un propio televisor, otras quedan muy cerca del comedor o del cuarto principal, la mayoría queda en la entrada del hogar, muchas tienen ventanas, otras tienen cortinas, existen muy grandes y muy chicas, con alfombra, con escaleras a los lados o al frente, con la vitrina llena de logros o recuerdos, con el retrato misterioso, el santo de la religión, existen solas y poco usadas, las llenas de recuerdos, las que cambian de pintura cada año, las que en navidad acogen a la familia junto al pesebre o el arbolito, las que tienen fotos familiares, las que no tienen nada y las que tienen demasiado, también las hay llenas de libros, con ceniceros y llenas de polvo, las elegantes y las modestas,  hay otras con pecera, con el olor a la mascota o a la cena o torta de cumpleaños, con el piso brillante, con grandes lámparas, con solo un foco, con el niño corriendo, el abuelo leyendo, la señora tejiendo, la niña llorando, las luces apagadas, la puerta cerrada y el silencio desbordado, testigos de encuentros y llenas de momentos.

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